Al pueblo lo que es del pueblo

10 enero, 2007

Del trabajo y la dependencia

Desde que el hombre es un ente social, el trabajo es tanto su medio de supervivencia como también su medio para intentar alcanzar un improbable crecimiento social. La explotación laboral de las masas es una práctica milenaria en la cual a partir de la esclavitud grandes movimientos socioeconómicos con fines diversos fueron llevados a cabo a lo largo y ancho del mundo. Sin importar el origen o el objetivo, todos estos emprendimientos cuentan con un punto en común: El uso de la necesaria e irremplazable fuerza de trabajo de la masa.

Turnos de trabajo de 16 horas (o más), remuneraciones ridículamente bajas, condiciones laborales insalubres, autoritarismo, castigos y amenazas son algunas de las evidencias de siglos de explotación laboral. El empleador, un terrateniente o burgués capitalista en una situación privilegiada frente al trabajador, esclavo de la urgencia de satisfacción de sus necesidades básicas.

El Primero de Mayo de 1886 comienza una serie de protestas por parte de un grupo de obreros en la ciudad de Chicago, USA, con el fin de obtener lo que se conoce como El Triple Ocho, es decir, la división cronológica del día que garantice tiempo para el trabajo, descanso y ocio. Estas medidas eran apoyadas por partidos de izquierda y anarquistas mientras que la burguesía local repudiaba cualquier tipo de organización obrera, especialmente proyectos de esta magnitud ya que disminuirían fuertemente la producción y acrecentarían los costos. La represión policial y el levantamiento armado de las masas produjeron muertos y heridos pero una vez que se disipó el humo, se enjuiciaron y ejecutaron a supuestos responsables y se calmó la tensión, llegó la hora de negociar.

El reclamo obtuvo reconocimiento y su aplicación para el futuro, desde entonces la división de actividades del día para el promedio de la humanidad consiste en dedicar ocho horas a la actividad regular de sostén económico, ocho horas para descansar el cuerpo de la actividad diaria y ocho horas destinadas a hacer lo que el individuo deseé a partir de la disponibilidad económica que su actividad económica le brinda.


Comparado con la situación previa al mítico 1° de Mayo, las condiciones laborales actuales son muy satisfactorias… pero de todas formas seguimos viviendo en un sistema tácitamente explotador pensado y aplicado para que la pirámide social mantenga su ya conocida base obrera necesariamente
multitudinaria y de pocos recursos.

Para acceder a un puesto de trabajo que genere el resarcimiento económico que permita la subsistencia del individuo, es necesario contar con un título que certifique los conocimientos obtenidos que le son propios y requeridos por la actividad a realizar. El empleado debe profesionalizarse en su actividad, debe jerarquizar sus conocimientos para reducir las probabilidades de errores y perfeccionarse como instrumento de aplicación.

Una vez que el
conocimiento es conseguido, es posible aspirar a conseguir un puesto laboral en empresas del rubro. Se ofrece la fuerza de trabajo y los conocimientos obtenidos durante la etapa de aprendizaje a cambio de una remuneración que idealmente debería satisfacer tanto las necesidades básicas como la amortización por el tiempo insumido en la apropiación de los conocimientos y la aplicación de los mismos en la actividad laboral. La realidad muestra que la remuneración puede o no ser un equivalente de lo ideal. La explotación de los conocimientos y tiempo del trabajador es moneda corriente en tiempos actuales, potencialmente producto del fuerte desempleo y probablemente como resultado de la gran cantidad de profesionales de diversas ramas de las ciencias que ofrecen sus servicios en un mercado saturado, generando que la demanda sea baja y con esto la oferta sacrifique parte de su utilidad económica con tal de obtener el beneficio del empleo.

Con el empleo el trabajador obtiene un rédito que le permite subsistir. La subsistencia del individuo genera entre éste y su trabajo un vínculo de dependencia enfermiza que obliga al trabajador a mantener su actividad durante el tiempo que requiera solventar los gastos asumidos por la compra de bienes de primera necesidad como son el techo y la alimentación. El empleado se transforma en un esclavo de sus necesidades, sus deseos y sus proyectos; su Amo es el trabajo para el cual se capacitó y una vez que lo consiguió le es inviable dejarlo o perderlo. No tiene margen de error, se encuentra en un círculo vicioso en el cual está obligado a venderse como mano de obra para la subsistencia propia como la de sus mantenidos. En este círculo vicioso solo le queda girar lo más rápido posible, hacer valer su profesionalismo y aspirar a mejorar su situación laboral y económica sacrificando su propiedad tiempo: Destina parte de su tiempo de ocio y/o descanso a ampliar conocimientos de su rubro para de esta forma poder conseguir ascensos o promociones para tener un mejor margen de acción y así poder usar su tiempo de ocio / descanso para un mejor provecho.

Es ésta la ignorancia que se transforma en negocio, la ignorancia del empleado promedio que lo lleva a una situación de necesidad-dependencia. Claramente no es un negocio en el que salga beneficiado sino que es un negocio para su empresa, un ente sin bandera que explota conocimientos individuales en función de su supervivencia y desarrollo económico. El hombre-empleado se transforma en un generador de Capital, un profesional que aporta su grano de arena a una unidad que paga por conocimientos y cobra por respuestas / servicios / mercadería. El empleado vive para la empresa, la empresa vive para generar capital, el empleado es descartable, la empresa es mutable, dinámica y en continua búsqueda de crecimiento.

El empleado es actor principal en el crecimiento del ente que lo retiene y le genera una dependencia no buscada y asumidamente ineludible. Los empleados pueden crecer dentro de este ente en función de que la empresa crezca; sin empresa no hay empleados pero éstos son reciclables, no tienen mayor trascendencia que la empresa, la cual se convierte en una recicladora de conocimientos y fuerza de trabajo en capital… un proceso indetenible.

Es la misma masa la que incita al individuo a seguir esta línea de evolución-dependencia. Los sueños de escalamiento social previos a la formación del individuo llevan al mismo a profesionalizarse para alcanzar una independencia económica ficticia que por el contrario no hace más que generarle una dependencia involuntaria al sistema económico del que es parte activa.

El individuo puede palpar este ciclo, ¿qué lleva a hacerle creer que realizando los mismos pasos que sus antecesores obtendrá un resultado distinto? ¿Sumisamente acepta esta posibilidad como la única posibilidad existente? ¿Descree que existan posibilidades reales de evadir el sistema impuesto para el individuo promedio? ¿Ignora la existencia de caminos alternativos?